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In Opinión

LA JORNADA

Carlos Fernández-Vega
http://www.jornada.unam.mx/2018/02/12/opinion/023o1eco
La creación de empleos cada día más precarios marca la tendencia laboral mundial, mientras alrededor de 200 millones de personas oficialmente se mantienen en la desocupación abierta sin visos de registrar una reducción que aligere uno de los problemas socioeconómicos más graves del planeta.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que si bien la tasa de desempleo mundial se estabiliza, en 2018 la desocupación y los déficit de trabajo decente se mantendrán a niveles persistentemente altos en muchas regiones del planeta, y según su propia estimación la tasa de desempleo mundial experimentaría un leve descenso a 5.5 por ciento este año (contra 5.6 en 2017). Con todo, dado el aumento del número de nuevas incorporaciones al mercado laboral en busca de un puesto, se prevé que el número total de personas desempleadas permanezca estable en 2018, en más de 192 millones. Para 2019, la tasa de desocupación mundial seguiría prácticamente sin cambios, y se proyecta que el número de personas sin trabajo aumente en 1.3 millones.

La citada organización analiza el panorama laboral en el mundo y de sus conclusiones se toman los siguientes pasajes: dado que la mejoría del empleo se prevé modesta es probable que en los próximos años aumente el número de trabajadores en formas de ocupación vulnerable (por cuenta propia y familiares auxiliares). A escala global el avance logrado en el pasado en la reducción de este tipo de empleo está prácticamente estancado desde 2012. Se calcula que en ese año alrededor de 42 por ciento de los trabajadores en el mundo (cerca de mil 400 millones de personas) se encontraba en modalidades vulnerables.

Es previsible que ese porcentaje permanezca especialmente elevado en los países en desarrollo y emergentes, donde superaría 76 por ciento y 46 por ciento, respectivamente. Es preocupante que la proyección actual indique una reversión de la tendencia, con un aumento anual de 17 millones de personas en empleos vulnerables en 2018 y 2019.

De manera análoga, en términos de pobreza laboral el mercado de trabajo mundial sólo ha registrado un limitado avance. En 2017, la pobreza laboral extrema fue generalizada; los ingresos o el consumo per cápita de los hogares de más de 300 millones de empleados de países emergentes y en desarrollo resultó inferior a 1.90 dólares estadunidenses al día. En general, la marcha de la reducción de la pobreza de los trabajadores no logra compensar la creciente fuerza de trabajo en las naciones en desarrollo, donde se prevé que el número de personas en extrema pobreza laboral superará los 114 millones en 2018, equivalente a 40 por ciento de todas las personas empleadas.

Por su parte, los países emergentes lograron un avance apreciable en la reducción de la extrema pobreza laboral, que afectó a menos de 8 por ciento de los trabajadores de estos países (alrededor de 190 millones) en 2017. La incidencia de la extrema pobreza debería seguir reduciéndose y ello se traduciría en un recorte del número de empleados en situación de pobreza extrema de 10 millones anuales en 2018 y 2019. Sin embargo, la pobreza laboral moderada, según la cual los trabajadores viven con ingresos de entre 1.90 y 3.10 dólares al día, sigue siendo generalizada y en 2017 golpeó a 430 millones de empleados de naciones emergentes y en desarrollo.

Los resultados en materia de empleo siguen registrando tendencias diversas en el mundo. Los países desarrollados entrarían en su sexto año consecutivo con tasas de desempleo descendentes, que en 2018 caerían a 5.5 por ciento, la proporción más baja desde 2007. No obstante, muchas naciones siguen registrando una tasa elevada de subutilización de la mano de obra, un amplio porcentaje de trabajadores desanimados y una creciente incidencia del empleo a tiempo parcial involuntario.

En cambio, entre 2014 y 2017 las tasas de desempleo de los países emergentes registraron un aumento apreciable, producto de la importante desaceleración de la economía, en parte debido a la caída del precio de los productos básicos en muchas grandes economías, como Brasil y la Federación de Rusia. El presente año marca un punto de inflexión, pues la tasa de desempleo caería a 5.5 por ciento (contra 5.6 por ciento de 2017), lo cual en los países emergentes se traduciría en un aumento del número de desempleados de alrededor de 0.4 millones en 2018 y de 1.2 millones en 2019.

En los países en desarrollo, el desempleo aumentaría en medio millón de personas anuales tanto en 2018 como en 2019, y la correspondiente tasa se mantendría en 5.3 por ciento. En muchas naciones en desarrollo y emergentes el principal problema es la persistencia del empleo de mala calidad y de la pobreza laboral.

El origen de estas tendencias sociales y del mercado laboral en el mundo son las disparidades entre grupos demográficos. Las disparidades de género son especialmente preocupantes. En promedio, las mujeres tienen menos probabilidades de participar en el mercado de trabajo; a escala mundial sufren un déficit de participa- ción de más de 26 puntos porcentuales respecto de los hombres; cuando sí participan tienen menos probabilidades de encontrar un puesto. Esas diferencias son especialmente amplias en África del norte y los Estados árabes, donde las mujeres tienen dos veces más posibilidades de estar desempleadas que los hombres. Una vez que tienen empleo padecen la segregación, por lo que se refiere al sector, la ocupación y el tipo de relación de empleo, lo cual limita su acceso a un trabajo de calidad. Por ejemplo, en 2017, 82 por ciento de ellas en los países en desarrollo se encuentra en modalidades vulnerables en comparación con 72 por ciento de los hombres.

Otro importante problema mundial es la falta de oportunidades de empleo para los jóvenes (personas menores de 25 años de edad). Tienen muchas menos probabilidades de estar empleados que los adultos, siendo su tasa mundial de desempleo de 13 por ciento, tres veces más elevada que la de los adultos (4.3 por ciento). Se prevé que fuerzas internas y externas, como los avances tecnológicos, la acumulación de capital, la globalización, la demografía y las políticas gubernamentales, seguirán impulsando la reasignación de empleo de todos los sectores de producción.

Las rebanadas del pastel

La buena: que las precampañas electorales llegaron a su fin; la pésima, que, tras un breve respiro, arrancarán las campañas, mientras las propuestas se mantienen prófugas.

Twitter: @cafevega

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