En obras del nuevo aeropuerto los reyes son los transportistas y sus camiones

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LA JORNADA

Arturo Cano
http://www.jornada.unam.mx/2018/02/13/politica/014n1pol

San Salvador Atenco, Méx. El conductor del auto compacto quería asomarse a las obras del nuevo aeropuerto de Ciudad de México. Tarea imposible en una vía en la que reinan los camiones de carga que todos los días sacan tierra arcillosa y meten tepetate y tezontle para el relleno de lo que serán las pistas.

En un tramo el pequeño ve-hículo queda entre enormes camiones y su conductor teme ser arrollado, porque los choferes viajan como alma que lleva el diablo y amenazan con aplastarlo. Todos los camiones portan calcomanías de una organización sindical afiliada al PRI. El que presiona desde atrás, a claxonazo limpio, lleva una de la CROC. A los costados van dos de la CTM y más adelante dos de la CTC. En la calcomanía de uno de los cetemistas se agrega el lugar de procedencia: Huetamo, Michoacán.

El trajín se incrementó a fines de 2015, a tal punto que para mediados de 2016 las autoridades municipales de Texcoco ya registraban un incremento de 300 por ciento en los accidentes vehiculares en vías como la carretera federal Texcoco-Lechería, la Texcoco-Zacatepec y la autopista Peñón-Texcoco. Por esas fechas, la dirección de protección civil de ese municipio informaba que 90 por ciento de los accidentes, que incluyen volcaduras motivadas por exceso de velocidad, se debían a la imprudencia de los choferes de camiones de carga.

Sindicatos, los más interesados

Tragedias viales aparte, llegar al desfile de siglas de organizaciones filopriístas no fue fácil. Desde antes de que comenzaran los trabajos del nuevo aeropuerto, arreció la disputa entre los sindicatos oficialistas por ganar porciones de los contratos de trabajo. Debe recordarse que las agrupaciones sindicales no sólo cobran 2 por ciento del ingreso de cada trabajador, sino que además sus líderes suelen ser dueños de los camiones que transportan los materiales para la magna obra.

Los líderes sindicales han disputado los contratos en mesas con las autoridades laborales y también, fieles a su tradición, con enfrentamientos a tubazos, pedradas y tiros.

En octubre de 2014, por ejemplo, pelearon a balazos la exclusividad de la ampliación de la carretera Avenida Nacional, uno de los accesos al puerto aéreo en construcción: el resultado fue un herido de bala y 18 detenidos.

Un mes más tarde, los líderes de 11 agrupaciones sindicales firmaron un acuerdo de colaboración y participación. El convenio, informa el documento del que este diario posee copia, “sustituye… al depositado ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje el día 21 de agosto de 2014”.

Entre los firmantes se encuentran sindicatos del ramo de la construcción afiliados a la CROC, CTC, CTM y otros como el Sindicato Libertad.

El convenio establece, de entrada, que todos los trabajos que se realicen en el proyecto del nuevo aeropuerto serán ejecutados por las organizaciones sindicales participantes en el mismo.

El trato se firma para mantener la armonía en el desarrollo del proyectoy las partes acuerdan que los trabajos de acarreo y suministro de materiales serán repartidos en forma equitativa.

El pacto entre los sindicatos priístas establece incluso las tarifas de acarreo de material (54 pesos por metro cúbico, por ejemplo), el costo de la renta mensual de camiones torton, góndolas y pipas de agua limpia o tratada.

Las organizaciones firmantes han dado pruebas de que cumplen sus compromisos. Para muestra un botón: en febrero de 2016, integrantes de los 11 sindicatos que signaron el convenio bloquearon un día entero los accesos a la obra para reclamar adeudos de dos meses e impedir la entrada de camiones provenientyes de otros estados.

El acuerdo va a lo medular, al punto de que su séptima cláusula establece que si otras organizaciones llegaran a realizar paros o bloqueos, las 11 firmantes se opondrán juntas y los gastos que se originen en la defensa de la fuente de trabajo serán en igualdad de aportaciones.

Más allá del debate sobre la viabilidad del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México –revivido por el precandidato del PRI, José Antonio Meade, con una visita al lugar donde se construye– hay coincidencia en que se trata de un gran negocio no sólo para las empresas ganadoras de la licitación, sino también para los personajes públicos que se hicieron de los terrenos aledaños y, de paso, para los líderes sindicales que se quedaron con los contratos de trabajo.

El convenio referido fue una actualización de otro firmado en agosto de 2014, en el que los sindicatos afines al PRI se repartieron el pastel. En esa ocasión a las agrupaciones de la CTM les asignaron 40 por ciento de los contratos, en tanto que a la CROC y la CTC-Congreso del Trabajo se llevaron 20 por ciento cada una. Al Sindicato de Trabajadores del Transporte y de la Construcción, Similares y Conexos (Sitram), le correspondió el 10 por ciento restante.

Un colectivo con suerte

Por esas mismas fechas, esta agrupación había firmado un contrato con el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, con una inusual celeridad. El Sitram nació el 10 de noviembre de 2014 y cuatro días después firmaba contrato.

Su dirigente, Laura Angélica Hernández Ledezma, apareció en la escena sindical hacia 2004. Antes se le conocía como proveedora de servicios de edecanes para la CROC. Su cercanía con Isaías González Cuevas, el dirigente croquista, le ganó la creación, para que ella fuese dirigente, de la Unión Nacional de Trabajadores de modelos, edecanes, demostradoras de salones de belleza, de estética, similares y conexos.

Más tarde, González creó para ella la Secretaría de Educación en el comité nacional de la CROC. Tras distanciarse de esa central aparece activa, a partir de 2008, en el PRI de Ciudad de México. Entre 2012 y 2015, por ejemplo, fue suplente de la diputada local María de los Ángeles Moreno.

Fuentes sindicales aseguran que la intención del ahora secretario de Gobernación (entonces titular de la Secretaría del Trabajo), Alfonso Navarrete Prida, era que el Sitram fuese el único contratante en las obras. Hubo que dar marcha atrás debido a la resistencia de la CTM y otras centrales.

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